1. Asambleas de Dios es la denominación pentecostal más grande del mundo, con más de 68 millones de adherentes y 365,000 iglesias alrededor del planeta.

2. Esta denominación es más bien un conjunto de denominaciones, unidas por principios fundamentales y una historia común. Surgen casi diez años después de los avivamientos de la calle Azuza, en el 1914, para separarse de los pentecostales unicitarios y poder proveer de cierta unidad al naciente movimiento pentecostal.

Si vives en Latinoamérica, es muy probable que hayas asistido alguna vez a una iglesia de las Asambleas de Dios, o seguro has escuchado de ellas. Aquí hay nueve cosas que debes saber sobre esta denominación:

3. Latinoamérica es la región con mayor número de miembros de iglesias Asambleas de Dios, con casi 28 millones de adherentes y más de 207,000 iglesias. Le sigue África, con cerca de 23 millones de profesantes y 82,000 iglesias. El 65% de todos los protestantes en América Latina es considerado como pentecostal, siendo las Asambleas de Dios la mayor parte de estos. Al considerar que esta denominación tiene apenas poco más de 100 años, estos números son sorprendentes y sin igual dentro de la historia de la iglesia.

4. Las Asambleas de Dios sí creen en la Trinidad y la divinidad plena del Hijo. Entre sus doctrinas fundamentales está la enseñanza de que “El Señor Jesucristo es el eterno Hijo de Dios”. También enseñan su nacimiento virginal, vida sin pecado, su obra sustitutiva en la cruz, su resurrección, y su ascensión a la diestra del Padre. Además, profesan someterse a toda la Escritura como la revelación máxima de Dios.

5. Tal vez la característica distintiva de las Asambleas de Dios es su creencia en el Bautismo del Espíritu Santo como un evento posterior a la conversión. Este bautismo capacita a los miembros de sus iglesias para servir en posiciones de liderazgo, entre otras cosas que han de caracterizar la vida cristiana. La manifestación del Bautismo del Espíritu Santo es el don de lenguas. Esta manifestación durante el bautismo es similar en esencia a lo que entienden como el don de lenguas, que ocurre una vez como marca de la conversión y habilitación para la vida cristiana, y que luego se repite con cierta frecuencia. Esta enseñanza del bautismo en el Espíritu Santo como algo posterior a la conversión, y que debe manifestarse hablando en lenguas, es relativamente nueva en la historia de la iglesia, y puede ser rebatida con un análisis cuidadoso de los textos.