El matrimonio es una carrera de maratón, no una de velocidad. Es un viaje muy largo, que tiene muchas curvas y giros. Para poder llegar al final con el amor y la alegría intacta, atravesarás, casi seguramente, por cada una de las siguientes crisis matrimoniales.

La crisis del pecado

El periodo de noviazgo se trata de ver y amar lo mejor en el otro, y así debería ser. En las primeras citas nos enfocamos en el descubrimiento y el deleite, mientras que el matrimonio es acerca de la transparencia y la realidad. Una vez bajo el mismo techo y bajo las mismas cobijas, no pasa demasiado tiempo para que descubramos las imperfecciones de nuestra pareja. Puede ser devastador el proceso de aprender que tu ser amado es un pecador.

Anota esto: Tu marido va a pecar. No va a poder estar a la altura de sus propias buenas intenciones.

Anota esto: Tu esposa pecará. Ella te amará menos de lo que debería, y amará otras cosas más de lo que debería, y todo eso no será beneficioso ni para ella ni para tu matrimonio.

Te casaste con un pecador. Ahora debes lidiar con eso.

No dejes que el pecado que deberías saber que ahí estaría te robe tu gozo o tu compromiso.

La Biblia es muy clara cuando dice: “Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios” (Ro. 3:23). “Todos” han pecado y están destituidos de la gloria de Dios.

Si ese versículo es cierto, y por supuesto que lo es, entonces tarde o temprano descubrirás que predice con precisión el comportamiento de tu ser querido. Él o ella pecará. Te sentirás decepcionado. Serás herido. Pero puedes perdonar.

Jesús dijo: “Si tu hermano peca, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca contra ti siete veces al día, y vuelve a ti siete veces, diciendo: ‘Me arrepiento,’ perdónalo” (Lc. 17:3-4).

Incluso antes de ser marido y mujer, ustedes son hermano y hermana en Cristo. Tu hermano pecará. Si se arrepiente, debes perdonarlo. Si él peca contra ti siete veces en el día y viene siete veces diciendo: “Me arrepiento”, debes perdonarlo.

Si este versículo es teóricamente difícil de obedecer cuando estás soltero, se convierte en una crisis explosiva cuando se aplica a tu matrimonio.

El pecado vendrá. Lo enfrentarás en tu matrimonio, y para superarlo, debes aprender a perdonar.

La crisis del conflicto

Durante el noviazgo, todo es descubrir y disfrutar lo que tienen en común, y de cómo se complementan. Amas la manera en que ella entiende tu sentido del humor; a ti te encanta lo bueno que él es con los pequeños detalles. Y así es como debería ser, pero el matrimonio te llevará, inevitablemente, al reino del conflicto.

No hay personas perfectas y no hay parejas perfectas; solo existen los matrimonios compuestos por dos pecadores en diversas etapas de crecimiento y recuperación. Por lo tanto, habrá conflicto. Habrá lugares donde el pecado hará brotar la imperfección. Habrá momentos en que el pecado saldrá a relucir debido a nuevos desafíos, nuevas privaciones, y nuevas responsabilidades.

No entres en pánico, y no comiencen a maltratarse.

Esto no es una prueba de que te casaste con la persona equivocada. Esto es solo una prueba de que tú no eres una persona perfecta. Estás en desarrollo, tu pareja está en desarrollo; por lo tanto, el conflicto es inevitable.

No dejes que el conflicto que deberías haber anticipado que existiría te robe tu fe, o amenace tu compromiso. La Biblia dice que el conflicto puede ser algo bueno. “Mejor es la reprensión franca que el amor encubierto. Fieles son las heridas del amigo” (Pr. 27:5-6); y “el hierro con hierro se afila, y un hombre aguza a otro” (Pr. 27:17).

La Biblia no es reacia al conflicto. Mas bien, reconoce que el conflicto, en el contexto de una relación amorosa comprometida, puede servir para refinar y santificar a ambas partes. El conflicto revela nuestros ídolos ocultos. Santiago 4 dice:

“¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No vienen de las pasiones que combaten en sus miembros? Ustedes codician y no tienen, por eso cometen homicidio. Son envidiosos y no pueden obtener, por eso combaten y hacen guerra” (vv. 1-2).

Cuando nos enojamos el uno con el otro, cuando gritamos, y cuando golpeamos el suelo con los pies, revelamos cuáles son las cosas que amamos demasiado. Tal vez sea nuestra propia dignidad. Quizá sean nuestras posesiones. Tal vez sea que se hagan las cosas a nuestra manera. Quizá son nuestros hijos. Tal vez sea el sexo. Tal vez sea nuestra profesión. Quizás sea nuestra privacidad.

Una cosa es segura, si vives en un ámbito cerrado con otro ser humano por un período de tiempo, descubrirás cuál es esa cosa que amas demasiado. Te enojarás. Te volverás irracionalmente molesto, y perderás la compostura. Esto puede ser algo bueno. Te dice dónde están los esqueletos ocultos de tu corazón, y te muestra dónde excavar.

Cuando el conflicto venga, y tenlo por seguro que lo hará, trabajen juntos para descubrir y derribar a sus ídolos ocultos.