Amigas más unidas que hermanas

Amigas más unidas que hermanas

Todos anhelamos conexiones. No fuimos creados para la soledad. Por más introvertida que seas, no fuiste hecha para vivir sin amigos.

Y, si somos honestas, lo sabemos. Gran parte de nuestra vida gira entorno a nuestras “redes sociales”. Antes, tu red social eran aquellas personas con las que te relacionabas tangiblemente. Con quienes charlabas en el colegio o la universidad, tus compañeros de trabajo o de pasatiempo, y tus familiares. Ahora, las redes sociales son principalmente conexiones virtuales entre personas que conocemos (o quisiéramos conocer).

En una época en que los “amigos” llegan por montones en Internet, la Escritura tiene una severa advertencia para nosotros.

“El hombre de muchos amigos se arruina,
Pero hay amigo más unido que un hermano”, Proverbios 18:24.

En este mundo hiperconectado, tu vida social parece medirse según tu número de contactos en Facebook, tus seguidores en Twitter, o el número de “me gusta” que recibas en tus fotos de Instagram. Tu móvil se trata de ti todo el tiempo. Sentimos que cada notificación es alguien diciendo “Hola, amiga, ¡eres genial!”, “Te extraño”, o “¡Te necesito!”.

Y se siente bien. Al menos temporalmente. Hasta que nos damos cuenta de que no es suficiente. No es suficiente porque no es real. “El hombre de muchos amigos se arruina, pero hay amigo más unido que un hermano” nos muestra un contraste entre el montón de “amistades” superficiales y la amistad verdadera. El verdadero amigo es más unido que un hermano.

El verdadero amigo

En Juan 15 sucede algo increíble. El Dios del universo, el Señor del cielo y de la tierra, nos llama amigos.

“Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero los he llamado amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído de Mi Padre”, Juan 15:15.

Si prestamos atención, nos daremos cuenta que Jesús nos llama amigos no por algo que nosotros hayamos hecho por Él, sino por lo que Él hace por nosotros. Nuestro verdadero amigo dio su vida por nosotros (Jn. 15:13).

No hay mayor amor que este. Y es ese amor a través del cual tú y yo podemos ser amigas más unidas que hermanas.

La verdadera unidad

¿Qué es lo que une a las verdaderas amigas? No es la cantidad de mensajes que se envían o la profundidad de los secretos que comparten. La verdadera unidad se encuentra en que ambas permanecen en Cristo. Cuando tú y yo estemos unidas a Jesús, estaremos unidas a todos aquellos que también estén unidos a Él.

“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en Mí y Yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de Mí nada pueden hacer… Si guardan Mis mandamientos, permanecerán en Mi amor, así como Yo he guardado los mandamientos de Mi Padre y permanezco en Su amor. Estas cosas les he hablado, para que Mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea perfecto. Este es Mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, así como Yo los he amado”, Juan 15:5,10-12.

Una vez en la vid, podemos ser la clase de amigas que Dios nos llama a ser. En Cristo, tenemos el ejemplo y el poder para entregar hasta la vida en amor a nuestros amigos.

El verdadero gozo

Escucha la sabiduría del proverbio; tu gozo no se encuentra en los “muchos amigos”. Ahí solo encontrarás ruina y falta de contentamiento. Busca aquello que provee gozo perfecto: permanecer en Cristo. Ahí encontrarás a otros sarmientos que buscan agradar a su Señor, y por quienes estarás dispuesta a entregar hasta la vida.